A veces quiero que crezcan y sean grandes y fuertes; y a veces quisiera que sean siempre así, tan pequeñitos y transparentes.
Por las noches, les paso la mano por el pelo y por la carita y es cuando me dejan acariciarlos de verdad; es cuando más los admiro y me alegro de tenerlos. Es un momento sublime.
Se que crecerán, pero que se tomen su tiempo, porque no es que ellos dependan de nosotros; nosotros dependemos de ellos; de su energía, de su magia.
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